El mensaje de Sebastián seguía en la pantalla del teléfono satelital cuando Carolina llamó.
Eran las 11:15 PM. Isabella dormía contra mi pecho, finalmente en paz después de la crisis de fiebre. Su temperatura había bajado a 37.2°C en las últimas dos horas. Estable.
Por ahora.
—Ya las tengo —dijo Carolina sin preámbulo—. Las placas.
Me senté más recta en el sofá de Polanco, ajustando a Isabella con cuidado para no despertarla.
—¿Y?
—Registradas a nombre de la embajada de Honduras. Vehículo diplom