La carta llegó un viernes.
No por correo certificado como la de Santiago.
Esta llegó por el canal regular del sistema penitenciario femenino del Reclusorio Sur, en un sobre blanco sin adornos, con la letra de alguien que escribe con la conciencia de que sus palabras van a ser leídas por ojos que no son los destinatarios.
Valentina reconoció el nombre del remitente antes de abrirlo.
Luciana Monterrey.
Lo dejó sobre el escritorio.
Cerró la pantalla.
Fue a la cocina a buscar agua.
Volvió.
Se sentó