La llamada llegó a las siete y cuarto de la mañana.
Sebastián estaba en la cocina preparando el desayuno cuando el teléfono vibró sobre el mármol de la encimera.
Lo vio.
Lo tomó.
Leyó el número.
Era el médico del reclusorio federal.
Valentina estaba vistiendo a Isabella cuando Sebastián entró al cuarto.
Lo vio en la cara antes de que dijera nada.
No era el gesto del desastre. Era algo diferente. El gesto de las noticias que no son sorpresa sino confirmación de algo que se había esperado con el