La audiencia de sentencia definitiva de Santiago Reyes estaba programada para un martes en Vancouver.
Valentina no fue.
No lo decidió la noche anterior con una deliberación dramática. Lo decidió tres semanas antes, cuando recibió la citación para asistir como parte afectada, la puso sobre el escritorio, la miró un momento, y supo con la claridad de las cosas que ya no necesitan discutirse que no necesitaba estar en esa sala.
Carmen había necesitado una visita cara a cara.
Santiago no.
No porque