La mansión Duarte a las cinco de la tarde tenía una luz diferente a cualquier otra hora.
No era calidez.
Era el tipo de luz que entra oblicua por ventanas que llevan años sin que nadie las abra, que convierte el polvo en partículas visibles y hace que los espacios vacíos parezcan más vacíos de lo que son.
Valentina lo notó desde el momento en que el auto entró por el portón.
El personal de mantenimiento había reducido desde la reestructuración. La fuente del jardín central estaba apagada. Las m