El sábado siguiente fue la fiesta de Emma.
Doce personas. El tipo de número que Emma había calculado con el criterio que Emma aplicaba a todo: suficiente para que sea fiesta, insuficiente para que sea evento donde nadie habla con nadie porque hay demasiados.
Priya y Tom llegaron primero.
Los otros nueve llegaron en grupos de dos o tres a lo largo de los treinta minutos siguientes.
Emma los recibió a todos con el mismo protocolo: los presentaba entre sí si no se conocían, los orientaba hacia la