La luz gris del amanecer se filtraba por las cortinas raídas cuando abrí los ojos.
Mi primer pensamiento fue pánico. ¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba Emma?
Luego el olor a madera vieja y sal marina me ancló. La cabaña. Canadá. Fugitivos.
Me incorporé de golpe en el sofá donde había quedado dormida sin darme cuenta. El movimiento brusco envió una ola de náusea por mi estómago.
—Hey, hey. Despacio.
Las manos de Sebastián me sujetaron los hombros, firmes pero gentiles. Estaba arrodillado frente a mí, c