La noche fue un infierno de preparativos y vigilancia. Marina y los niños dormían en el ala este, protegidos por tres guardias que Solano había seleccionado personalmente. Luciana seguía en el hotel, monitoreada pero no del todo confiable. Y Sebastián y yo nos turnábamos entre el sueño inquieto y las pantallas llenas de datos que intentábamos descifrar.
A las seis de la mañana, mi teléfono vibró con un mensaje de Luciana.
"Está pasando. Víctor lanzó algo. Las acciones de Duarte Corp están cayen