El domingo Carolina llegó a casa con las naranjas y con la cara de las decisiones tomadas.
Sofía lo notó desde la cocina.
Era la misma cara que Carolina tenía después de las sesiones largas de procesamiento que terminaban en claridad: no eufórica, no aliviada. Solo resuelta. El tipo de resolución que no necesita dramaturgia porque se sostiene sola.
—Llegaste antes —dijo Sofía.
—Tomé el camino corto.
—¿Y?
Carolina puso las naranjas sobre la mesada.
Se lavó las manos.
Se giró.
—Acepto los seis me