La tarde siguiente olía a polvo y a madera vieja.
El estudio de Elena llevaba abierto tres semanas. No porque alguien lo hubiera decidido de golpe. Sino porque la renovación había llegado hasta ahí de la única manera en que llegaban las cosas difíciles: despacio, sin que nadie lo ordenara, con la lógica tranquila de lo que tiene que pasar.
Valentina había entrado la primera vez con Sebastián, a principios de mes. Habían encendido la luz. Se habían quedado parados en el umbral unos segundos, mir