Clara
Salgo del hospital al día siguiente con más dignidad de la que siento. Los médicos insisten en que no fue nada grave, apenas golpes y moretones, una leve contusión que sanará sola, pero aun así me colocan un collarín blando para proteger el cuello durante unos días y cada vez que me miro en el reflejo de una ventana me veo frágil, vulnerable, como si el accidente hubiera sido más serio de lo que admito. Sebastian ya está esperándome cuando cruzo las puertas automáticas con un traje impeca