Sebastian
—Clara… ¡Clara! —grito, pero no hay respuesta.
Solo escucho al otro lado de la línea su respiración entrecortada y un ruido espantoso. No me gusta ese sonido, no me gusta nada.
Me levanto de la silla sin darme cuenta de que lo hago. Mi abuelo está frente a mí en el despacho, observándome con esa mirada aguda que siempre parece analizarlo todo.
—¿Clara? —vuelvo a preguntar, pero no hay más que el sonido muerto de la línea abierta.
Siento algo frío recorriéndome el pecho, algo que no q