El sonido del disparo nunca llegó.
Antes de que el dedo de Joel pudiera terminar de ejercer presión sobre el gatillo, el pesado portón de madera de la entrada principal crujió con un estruendo ensordecedor. La cerradura de alta seguridad saltó en pedazos, vencida por la fuerza bruta de los guardaespaldas y el cuerpo de Gerard, quien entró a la sala como un toro enfurecido.
Joel, sobresaltado por el estrépito, cometió el error de apartar el arma de la sien de Sofía para apuntar hacia la pu