Gerard tomó la mano de Sofía con suavidad, examinando la esmeralda que brillaba en su dedo. Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro; sabía perfectamente que ese anillo era el símbolo máximo de aceptación por parte de su madre. El plan marchaba mejor de lo esperado.
Sin embargo, Gerard decidió no hacer más comentarios sobre el trabajo, ni sobre la asistente, ni sobre la victoria política que representaba esa joya. Simplemente soltó su mano, se puso de pie y se ajustó el saco.
—Es