Debo aceptarlo, no toleraba bien el alcohol y mucho menos con el estomago vacío. Iba por mi cuarto Mai Tai y ya todo empezaba a darme vueltas, las luces de la discoteca me mareaban. No sabía cuanto tiempo lleva en el lugar, tampoco me importaba.
La música sonaba increíblemente fuerte o quizás yo la notara así por el licor en mi sistema, ambas opciones eran igual de validas. Estaba en medio de la pista, bamboleando mis caderas al ritmo de la canción. Rechace a todos los hombres que me invitaban