Isabella se sirvió un poco de agua y bebió un sorbo de manera mecánica. Sus pensamientos estaban a kilómetros de allí. Había planeado confesarle a Salvatore sus sentimientos, pero no de la manera que lo había hecho. Las palabras habían escapado de su boca en el calor del momento.
—Buenos días, cariño.
Isabella se sobresaltó, no había escuchado a Salvatore acercarse. Dejó el vaso a un lado antes de soltarlo.
Él colocó las manos en sus caderas y depositó un beso en su cuello. Su cuerpo se estreme