Taís y yo nos miramos asustadas, mientras que mamá, quien se ha quedado parada en el umbral de la puerta, nos observa con semblante relajado.
—Hubo un tiempo en que notaba la manera tan tierna en que mirabas a Bratt —rompe el silencio y camina en nuestra dirección—. Fue cuando supe que te habías ilusionado con tu amigo apuesto y encantador.
»Es que Bratt, aparte de atractivo, era un chico dulce y caballeroso. Por tal razón, me pareció normal que tú también cayeras rendida a su encanto; al fin