Bratt
Observo a Jael con ganas de estrangularlo, pero en su lugar, decanto en sorber mi whisky.
—Bueno, esa es la razón para odiarte —dice como si nada.
—¡Eres un maldito cabrón! —exclamo. Este puto es un imbécil y aparte está loco—. ¿Qué culpa tengo yo de esa pendejada?
—Eres su hijo —responde el muy patán.
—¿Y...?
—Lo sé, fui un tonto; pero Taís me está ayudando a ver ciertas situaciones con más claridad y desde otra perspectiva.
Ajá...
—¿Ella es tu entrenadora física o tu maldita coaching de