Bratt
Sorbo todo el vino de mi copa y vuelvo a extenderla hacia Victoria, quien me sirve sin rechistar. En este momento, ella me entiende mejor que nadie, por eso solo me escucha mientras me acompaña a beber.
Ambos nos encontramos en su apartamento, sentados en el balcón.
—¿A qué le temes? —me pregunta de forma repentina.
—Le temo a caer en una trampa. —Suspiro—. Es decir, se trata del abuelo, no me fío de él.
—Yo digo que le des el beneficio de la duda. De todas formas, no te está pidiendo nad