Con pasos desesperados, entro al primer baño que encuentro en el primer piso y, una vez cierro el cubículo, me desplomo y caigo de rodillas. Las ganas de llorar se tornan insoportables, así que estallo en un llanto sonoro.
Me duele tanto el pecho que siento que se me desgarra. Con espasmos que me sacuden el cuerpo, gruesas lágrimas que me mojan toda la cara, el cuello y parte de la blusa; junto a quejidos que me salen desde lo más profundo del alma, dejo salir ese dolor y frustración que me que