Las gotas fuertes de la lluvia golpean la capa que llevo puesta, y escuchar cómo impactan la tela impermeable se siente relajante. Después de gritar como una loca y, que Ian se riera de mí porque soy una cobarde, he logrado calmarme y hasta se siente bien andar en moto.
«En especial si te arropa el cuerpo de un modelo sexy», ironiza mi yo fastidioso.
Aunque no voy a negar que eso también se siente bien, demasiado diría yo.
—Mira, hay una cafetería abierta, estamos de suerte —vocifera él para qu