Es increíble como dos simples palabras pueden causar un gran efecto y ser capaces de dar giros a las vidas de las personas. Lo que se me hace más increíble aún, es escucharla en boca de mi mejor amigo ¡y peor!, dirigidas a mí.
—Ja, ja, ja, ja, ja, ja... —Esa es mi respuesta a su chiste. He de admitir, que esta broma le ha quedado genial.
—¿De qué te ríes?, hablo en serio —se queja con expresión ofendida.
—¡Ay, Bratt, eres muy gracioso! —Vuelvo a reír.
—¡No es una broma, Serena! —Alza la voz y m