Dos meses después, la llegada del otoño comenzó a teñir los bosques de la finca con matices dorados, cobrizos y carmesíes. El aire suave del verano había dado paso a una brisa más fresca que obligaba a encender las chimeneas de piedra de la casona por las noches, llenando los salones con el aroma cálido a leña de roble.
A sus cinco meses y medio de gestación, el embarazo de Isabella era innegable. Su vientre abultado destacaba con gracia bajo sus vestidos de lana fina, y su andar se había vuelt