Capitulo 39

Terminé de desabrochar los pantalones de Enzo y, mientras él seguía pegado a mis pechos, saqué su pene y comencé a acariciarlo. Nunca lo había sentido así. Era como una barra de hierro caliente en mis manos. Los gruñidos que salían de sus labios, que todavía estaban en mis pezones, eran la prueba de que le gustaba lo que estaba haciendo.

Finalmente soltó mis senos y me agarró la barbilla con brusquedad para volver a besarme.

—Pídelo, Arianna, pídelo —ordenó sobre mi boca.

Se estaba desesperando
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP