Arianna
Su voz era como el hielo, cortando de golpe todo el fuego. —¿Dónde están tus anillos?
—En el mismo lugar donde está esta farsa de matrimonio: guardados en un cajón —respondí, y mi corazón dio un vuelco.
La rabia regresó al rostro de Enzo, pero no retrocedí. Había llegado demasiado lejos; estaba harta. «Si quiere matarme», pensé, «que lo haga de una vez por todas».
—No puedes quitarte los anillos, y mucho menos si vas a salir —me reprendió, apretando los dientes.
—Tú no usas el tuyo —le