Enzo
Ese ridículo pedazo de tela apenas la cubría. La parte de arriba del bikini parecía pintada sobre su piel; sus pezones se marcaban contra los finos triángulos blancos, suplicando ser acariciados. La parte de abajo no era mejor: solo un hilo dental que se ceñía tanto que dejaba adivinar cada contorno. Un mal movimiento y se quedaría al descubierto.
¿Quién carajos había pensado que eso era apropiado? Cualquiera de mis hombres podría entrar. Cualquiera de ellos podría verla así.
Ilaria fue la