Enzo
Enzo
Conduje sin un destino fijo, dejando que las luces de la ciudad se desdibujaran a través del parabrisas. Todavía era temprano, y lo último que quería era volver a casa. La sola idea de tropezar con Arianna otra vez, de ver cómo su delicado rostro se tensaba por la incomodidad cada vez que yo estaba cerca, era suficiente para mantenerme dando vueltas por las calles.
—Esto es una mierda —mutile entre dientes, presionando el talón de mi mano contra mi frente—. Ya ni siquiera puedo tener