En ese momento, Tomás le susurró algo al oído a Leonel, quien asintió levemente para mostrar que había entendido.
Después del almuerzo, cuando por fin encontraron un momento a solas, Leonel habló con elegancia:
—Silvina, quédate aquí con mamá unos días. Tengo que ocuparme de unos asuntos y me ausentaré por un tiempo. Regresaré pronto para llevarte a casa. Tomás se quedará contigo, y también te dejaré un cocinero y una empleada doméstica. Si necesitas algo más, no dudes en pedírselo a Tomás.
Sil