Mientras Liliana se debatía en su propio tormento interior, la mirada de Leonel se desvió sutilmente hacia ella, apenas un segundo.
Solo ese gesto fue suficiente para que el cuerpo entero de Liliana temblara.
Aprovechando que nadie le prestaba atención, Liliana se escabulló discretamente del salón.
Dentro de la fiesta, las únicas dos mujeres que no se habían quedado embobadas ante el encanto de Leonel eran Tania y Mónica.
Tania, porque no tenía tiempo de distraerse: la mirada ardiente de San