Capítulo 340 Cenas y silencios
Silvina marcó una y otra vez, pero Leonel no contestó.

Sabía que el teléfono de Leonel siempre lo tenía Tomás, y que él, al ver su número, sin importar lo ocupado que estuviera, se lo pasaría de inmediato.

El hecho de que nadie respondiera solo podía significar una cosa: Leonel no quería hablar con ella.

Una sombra oscura se apoderó poco a poco de los ojos de Silvina.

—Leonel... —susurró—, ¿fuiste tú quien hizo todo esto?

¿Por qué?

¿Acaso también te has preparado para romper conmigo de
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