La sonrisa de la abuela Muñoz se desvaneció ligeramente.
—No te preocupes por ella —dijo con voz serena—. Aparecerá cuando tenga que hacerlo.
Leonel ayudó a Silvina a sentarse sin decir una palabra y se acomodó a su lado.
Un sirviente se acercó enseguida con una bandeja de té recién preparado.
Silvina tomó la taza, la acercó a su rostro y aspiró suavemente el aroma antes de probar un sorbo.
—Mmm… este té está delicioso. Nunca lo había probado antes —comentó con una sonrisa genuina.
Leonel le qu