—Prima Mónica, mide tus palabras —dijo Silvina con voz firme, la mirada serena pero llena de autoridad—.
Entre Simón y yo no hay absolutamente nada impropio.
Si tus comentarios se quedaran entre nosotros, no pasaría de una simple ofensa, pero si llegan a los oídos de los demás, mancharías no solo el nombre de la familia Muñoz, sino también el de la familia Soto.
Nuestras familias están unidas por lazos matrimoniales: cuando una se ensucia, la otra también sangra.
Como dama de la familia Soto, d