Silvina sonreía con elegancia mientras respondía a los saludos de los invitados, moviéndose con gracia entre los distintos grupos de personas influyentes.
Sin embargo, cuando volvió a ver a Liliana de pie junto a Alberto, apoyada en su brazo con esa actitud dulce y sumisa, no pudo evitar que se le tensaran los labios.
Sabía que Liliana no hacía nada sin un propósito. Aquella aparición, tan calculada, no podía ser casualidad.
Silvina lo intuía: el verdadero objetivo de Liliana seguía siendo la f