Leonel rodeó a Silvina por detrás y depositó un suave beso sobre su cabeza.
—Si Liliana hubiera sido un poco más inteligente —murmuró con voz baja—, quizás habría hecho la vista gorda por los viejos tiempos. Pero cometió un error imperdonable: meterse contigo…
Mi mujer —añadió con una sonrisa peligrosa—, no permitiré que nadie la lastime. Porque solo yo puedo hacerlo.
Al terminar la frase, su mano grande se deslizó hacia el pecho de Silvina y lo apretó con descaro.
—Mmm… parece que te ha crecid