Después de un largo vuelo, Silvina sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo en cuanto bajó del avión.
Leonel, siempre atento, ya la esperaba con un abrigo grueso entre las manos. Se lo colocó con cuidado, ajustando el cuello y cerrando los botones con una ternura silenciosa.
Como habían decidido regresar lo antes posible a Inochi, Leonel dispuso tres aviones privados:
uno para Alicia y Armando, otro para Santiago y Liliana, y el tercero para Silvina, Camille y Tania, que viajaban con él.