—¿Y cuánto dinero tiene Leonel? —preguntó Silvina de pronto, como si la pregunta le hubiera explotado en la cabeza.
—Esa pregunta… —Tania negó con la cabeza, suspirando—. Es casi imposible de responder.
Una voz grave se oyó a lo lejos:
—Yo puedo responderla.
Silvina levantó la mirada. Santiago avanzaba hacia ellas, con una expresión extrañamente complicada en el rostro.
—No imaginé que Leonel llegaría tan lejos por ti —dijo, con una mezcla de admiración y amargura—. Tenías razón, Silvina… yo no