Los ojos de Santiago se enrojecieron de inmediato:
—¡Tú sabes perfectamente que no era mi intención tratarte así!
—Sí, claro. No era tu intención… fue deliberado. —La voz de Tania sonó gélida, aunque serena—. Por Liliana eres capaz de todo, incluso de hacerme daño con tus propias manos. Ya que es así, yo me retiro sin más. Los dejaré disfrutar de esa lealtad que tanto valoras.
Su mirada descendió hasta la mano de Santiago.
—Aquí hay tanta gente… ¿también quieres volver a secuestrarme y atarme e