En una de las habitaciones del barco, el rostro de Leonel se mostraba sombrío e indeciso.
Tomás llevaba más de una hora de pie junto a él, en silencio.
—Tomás —por fin habló Leonel—, ¿no crees que he sido demasiado indulgente con Liliana?
Tomás pensó para sí: ¿Indulgente? ¡Eso ya no es indulgencia, es exceso total!
Pero esas palabras no se podían decir en voz alta, así que contestó con cautela:
—La señora ha sufrido muchas injusticias.
—Lo sé. Pero si en este momento castigo a Liliana, mi madre