La caminata estaba empezando a cansar a todos, y justo en la curva del pasillo apareció un pequeño restaurante de descanso donde ofrecían gran variedad de mariscos.
Los pasajeros se acercaban en grupos de tres o cuatro, compraban algo de comer y seguían caminando mientras degustaban los platillos y disfrutaban de la vista. La sensación era, sencillamente, maravillosa.
Entre la multitud, Liliana seguía a Silvina.
Ni siquiera ella misma sabía por qué lo hacía; aun sabiendo que acompañarla no le g