—¡Si lo vuelvo a ver, juro que no se la va a acabar! —dijo Tania entre dientes, con rabia contenida.
—¿Qué te pasó? —preguntó Silvina al ver que Tania también tenía algunas heridas, marcas claras de rozaduras—. ¿Te peleaste con alguien?
—¿Pelea? ¡Qué va! Ese desgraciado de Santiago me encerró en un cuarto de provisiones y me ató a un estante con su corbata. Tuve que arrastrarme de espaldas para poder desatarme. —Tania hablaba con furia—. Ese imbécil, con tal de ayudar a esa zorra de Liliana, ¡y