Silvina, todavía confundida, firmó la recepción de aquel regalo.
Tania, incapaz de contener la curiosidad, fue la primera en abrir la caja.
Silvina bajó la mirada y vio un vestido largo de playa, blanco, que reposaba en silencio dentro del estuche.
—¡Wow! —exclamó Tania, boquiabierta—. ¡Este capitán sí que tiene recursos! ¡Este vestido es obra del diseñador conocido como La Mano de Dios"! ¡Y solo crea un diseño por año!
—¿Tan valioso es? —Silvina no pudo evitar tomar el vestido entre sus manos,