En ese momento, sonó el teléfono de la asistente Adela: le contó a Silvina que ya estaba en el hospital y que le habían aplicado la primera vacuna contra la rabia.
Sin embargo, aún tendría que recibir varias dosis más…
Cuando Silvina vio la foto de la herida enviada por Adela —tan profunda que dejaba ver el hueso—, no pudo evitar inhalar un fuerte suspiro.
Al pensar que Adela había resultado herida por protegerla, y recordar el rostro odioso de Cristal, Silvina ya no pudo seguir siendo una simp