Leonel extendió la mano y sujetó con fuerza el brazo de Silvina. Frunció ligeramente el ceño:
—Silvina, ¿qué te pasa? Liliana no lo dijo con mala intención.
—Yo tampoco tengo ninguna mala intención —lo interrumpió Silvina, alzando suavemente la mirada hacia aquel hombre tan familiar y, al mismo tiempo, tan distante.
Seguía siendo igual de deslumbrante… pero a su lado ya no quedaba espacio para ella.
—Por cierto —añadió con voz serena—, quería consultarte algo. Los próximos tres días todo será d