El teléfono volvió a sonar; era Rosa otra vez. Silvina contestó sin pensarlo dos veces:
—¿Rosa, qué otra trampa quieres jugar ahora?
—Nada en especial. Tu madre te extrañaba, así que me la traje conmigo. Silvina, ¿no has sido siempre tan devota? Pues bien, tu madre está aquí, de visita. ¿Quieres verla? —la voz de Rosa llegó cargada de malicia desde el otro lado de la línea.
Silvina sintió que la respiración se le cortaba.
¡Maldita sea!
Rosa, ¿por qué no venías directamente contra mí? ¿Por qué t