Cuando Camille se marchó, la asistente ayudó a Silvina a sentarse en una silla para descansar.
Silvina recorrió la habitación con la mirada: en cada rincón se percibía un aire delicado y elegante.
El tono predominante era un suave violeta, elegante y lleno de nobleza.
A juzgar por la decoración, la dueña de ese espacio debía de ser una joven orgullosa y exigente.
Quienes lograban ganar su atención, sin duda tenían algo especial.
Quizás ella misma solo estaba recibiendo tantos cuidados por la co