Leonel bajó la mirada y, de inmediato, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa cargada de burla.
¿Dónde había quedado la elegancia de la modelo de pasarela de Milán?
Rosa, enfundada en medias de malla y un disfraz de conejita, estaba tan provocativa como se podía ser.
—¡Leonel, cuánto te he extrañado! —Rosa desplegó todo su arsenal de seducción, aferrándose a él, aspirando con avidez ese aroma único que pertenecía solo a Leonel, prácticamente colgándose de su cuerpo.
—¿Cómo entraste a