Silvina se despertó adormilada, tomó su móvil para mirar la hora y se sorprendió: ¿apagado?
Encendió el dispositivo de nuevo y volvió a acurrucarse unos minutos más.
Tania salió de la cocina con un vaso de jugo en la mano y le dijo:
—Ya que despertaste, levántate, si no luego en la noche no podrás dormir.
Silvina se incorporó con pereza, murmurando:
—¿Cuánto tiempo dormí?
—Apenas una hora —respondió Tania, colocando el vaso en la mesita de noche—. Bebe un poco de jugo. Leonel hizo que su asiste