Los ojos de Ruperto destellaron con una complejidad oculta, pero tampoco respondió a aquella pregunta.
—Si algún día, Señorita Silvina, llegara a encontrarse con gente de la Familia Martínez, le ruego que sea indulgente —dijo con solemnidad—. Para la Familia Martínez, la partida de Susana ha sido siempre una herida imposible de aceptar. Si en algún momento ocurriera algo incómodo, le pido, por mí, que sea comprensiva.
Silvina pensó que, en efecto, la Familia Martínez había sufrido bastante: su