La noche en Manhattan estaba envuelta en una neblina ligera y húmeda, típica del inicio de la primavera británica. Las luces de los postes se reflejaban en los charcos que salpicaba las aceras, y un murmullo acogedor venía desde dentro del The Fox & Crown, un pub de fachada victoriana, donde la madera oscura y los vitrales de colores creaban una atmósfera cálida.
Tomás Montgomery se hundió aún más en el asiento de cuero rojo, con la tercera cerveza casi terminada, mientras reía a carcajadas de