Ya No Es Un Contrato.
No nos separamos enseguida. Sigo apoyando la frente contra la de Alaric mientras el silencio del bosque nos envuelve.
Nunca imaginé que un hombre pudiera abrazar así, no con fuerza, con necesidad, como si soltarme significara volver a quedarse solo.
Sus manos continúan rodeando mi cintura, las mías siguen descansando sobre su pecho.
Puedo sentir los latidos de su corazón, todavía van demasiado rápido. Levanto la vista y él también me está mirando.
No dice nada y realmente no necesito que hable,